Aún respiro tu nombre,
y ya no es el tiempo.
Simulacros de aire que convergen
enredan mis últimas palabras,
me doblan el gesto, aún sombrío,
de la despedida.
Si no habito este momento
y dejo que todo sea deriva,
dónde quedó mi figura de barro.
En qué calle te vi marchar
camino de la felicidad,
mientras me convertía en alma
de las piedras.
Yo sé que la vida no espera.
Pero es la hora y se me siguen parando
todos los relojes.
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