Era un tiempo de aviones
y solo recuerdo barcos.
Una travesía de días, el viento
siempre en contra de mi pelo.
Hay costas que parecen desiertos
cuando miras por última vez.
Asumo esta aritmética del olvido
donde felicidad menos tú es igual
a cero. El teorema imposible.
No me fui para quererte menos,
lo supe al tocar tierra y escuchar
tu ruido inmenso.
Desde entonces, la vida es el desorden
de un trastero, media cama sin deshacer,
almuerzos en la cocina.
A veces tu ausencia es lluvia
y arden los domingos.
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