Te encontré en la costumbre
de lo que parecía imposible.
Nos buscábamos con el ansia
de las últimas tardes de verano.
Turistas accidentales recuperando
las ganas de vivir.
Cuando escribía «te deseo buena mañana»,
te estaba deseando a ti, y tal vez una coma
en el lugar correcto habría mejorado
mi sintaxis.
En la noche, todo quedaba más claro
y explícito.
Inconfesable.
Hoy es tu sombra la que escribe
sobre mi pecho.
Te pienso en casi todos los momentos,
y el cuerpo se adelanta a la razón.
No fue suficiente, y sin embargo fue lo mejor.
Acariciar tu nombre para no perderlo nunca.
Añadir comentario
Comentarios