Esta noche se viste de invierno.
Se me ha perdido tu cuerpo delgado
entre las manos.
Escribo tu nombre en las pantallas
y me devora el ansia, un destello
de lucidez para desarmar razones.
Lo que no sucede es más cierto,
porque permanece sin fisuras,
intacto en el deseo que no nos concedimos.
No sé cómo esquivar esta nueva soledad
que anuncias, esta distancia inabarcable
entre tu casa y mi casa.
Me llevo todos los aplausos del segundo premio,
subcampeón de la nostalgia de tus labios
dibujando mapas secretos en mi piel.
No duermas aún, estoy tejiendo
los mejores sueños para arroparte,
porque hace frío y —ya lo he dicho—
tu cuerpo menudo y náufrago
se me ha escurrido de los dedos
hacia un mar sin orillas.
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