Puedes oírlo, se abre paso entre nosotros.
Es la intermitencia del olvido.
Todo queda atrás, cada palabra es hoy
el reverso de lo nunca dicho.
Escogimos el bando correcto, pese a todo.
Mirarnos a los ojos era una cuestión
de vida o muerte,
y ya conocemos el severo desenlace.
Ahora elijo estar ausente,
recordar los reflejos de tu pelo
y que no me importe si no vuelves,
o si cierras esa puerta para siempre.
Aunque aún queme tu fuego
y nadie sepa cuánto fuimos.
Aunque siga recreando los momentos
en que me arrancabas la ropa
y podía respirar en tus labios.
Estas manos te memorizaron,
y en su ingenuo descubrimiento creían
en la perdurabilidad de las caricias.
Se aferraron a tus sueños.
Vieron lo imposible.
Estas manos, condenadas a estar sordas
y ciegas sin tus señales.
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